Scroll To Top Scroll To Center Scroll To Bottom Histeria

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Tema: Histeria

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    Predeterminado Histeria


    La Histeria, que según las creencias solo sufrían las mujeres, se remonta a la antigüedad clásica, se habla de ella en papiros egipcios y ya fue descrita por Platón y por Hipócrates. Un mito de la antigua Grecia cuenta que el útero no está estático sino que deambula por el cuerpo de la mujer, causando enfermedades a la víctima cuando llega al pecho. Esta teoría da origen al nombre, pues la raíz proviene de la palabra griega para útero: hystera.

    En la medicina medieval se le llamó “sofocación de la matriz” y se seguía creyendo que la causa era la abstinencia sexual, matizando que la retención de fluidos sexuales de la mujer era el origen del mal. Hidden Content recomendados eran variados, desde mantener relaciones si estaba casada, el matrimonio si estaba soltera y un masaje de una comadrona como último recurso.

    De este peculiar masaje ya se hablaba en al año 653 y consistía en que por orden de un médico, una comadrona se impregnaba un dedo en aceite de flores, generalmente lirios o nardos, y masajeaba con vigor la zona genital de la mujer hasta que esta llegara al clímax, y aliviando de esa manera su “histeria”.

    En el siglo II, Galeno, un importante médico, escribió que la histeria era una enfermedad causada por la privación sexual en mujeres particularmente pasionales. Se diagnosticaba frecuentemente en vírgenes, monjas, viudas y en menos ocasiones en mujeres casadas.


    Y así llegamos al siglo XIX, donde esta supuesta enfermedad que los griegos habían descrito el “útero ardiente”, se convierte en una especie de plaga entre las mujeres de la época. Cualquier comportamiento extraño, como ansiedad, irritabilidad o fantasías sexuales, es considerado como un claro síntoma y la paciente es enviada inmediatamente a recibir un masaje relajante. Y es que, a pesar del paso de los siglos, aún no se consideraba a las mujeres seres sexuales y se creía que los desordenes psiquiátricos femeninos provenían del útero.

    Los médicos seguían combatiendo la histeria femenina acariciando manualmente el clítoris y la vulva de las pacientes hasta que pudieran alcanzar lo que en aquella época era conocido como “paroxismo histérico”, que en realidad era un orgasmo. Como en aquella época era mal visto que una mujer acudiera sola a la consulta, era frecuente que maridos o madres esperasen sentadas junto a la paciente mientras el medico tranquilamente las masturbaba.

    En 1859 un doctor aseguró que una de cada cuatro mujeres estaba aquejada de histeria, y reunió decenas de páginas de posibles síntomas, con lo que casi cualquier dolencia leve podía servir para diagnosticarla. Los médicos pensaban que la tensión de la vida moderna hacía a las mujeres más susceptibles a desórdenes nerviosos.


    Rachael P. Maines, autor de “The Technology of Orgasm: Hysteria, the Vibrator, and Women’s Sexual Satisfaction,” dijo que estos casos eran muy ventajosos para los médicos, dado que no había ningún riesgo de que la paciente muriese pero necesitaba tratamiento constante, lo cual era una notable y fácil fuente de ingresos. El único problema era que los médicos no disfrutaban con la tediosa tarea del masaje. La técnica era difícil de dominar para un médico y podía tomar horas llegar al “paroxismo histérico”.

    Derivarlas a las comadronas, una práctica por otra parte habitual, era una pérdida de oportunidades de negocio para el médico, así que los médicos, a pesar de tener las manos cansadas de tanto “masaje” , comenzaron a plantearse otro tipo de soluciones para mantener los ingresos y a las pacientes.


    El primero que tuvo la idea de crear ese invento fue un médico británico llamado Joseph Mortimer Granville, que en 1870 , cansado de masturbar manualmente a sus pacientes, patentó el primer vibrador electro-mecánico con forma fálica, y aunque de un tamaño considerable, fue todo un éxito, ya que lograba “aliviar” a las pacientes en menos de diez minutos de una manera relativamente sencilla.

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    Visto el potencial del aparato, y para evitar las vergonzosas visitas al médico, una avispada empresa, llamada “Hamilton Beach”, comenzó a producir en 1902 vibradores de tamaño más pequeño.

    Varios modelos comienzan a comercializarse a través de todo tipo de publicaciones, e incluso periódicos de tirada nacional. “La vibración es la vida” – se publicaba en algunos anuncios – “Porque tú, mujer, tienes derecho a no estar enferma”.

    En muchos catálogos femeninos el vibrador se publicita como “instrumento para la tensión y la ansiedad femenina“. Su uso se promociona como una forma de mantener a las mujeres relajadas y contentas. “La vibración proporciona vida y vigor, fuerza y belleza” – dicen los anuncios – “El secreto de la juventud se ha descubierto en la vibración”. Su comercialización llega a tal extremo que algunos modelos incluyen un recambio adaptable que convierte el vibrador en una batidora.


    La difusión de la electricidad en el hogar facilitó la llegada del vibrador al mercado de consumo. El atractivo de un tratamiento en la intimidad del propio hogar hizo que el vibrador alcanzase una cierta popularidad. De hecho, llegó al mercado mucho antes que otros dispositivos eléctricos: nueve años antes del aspirador y diez años antes de la plancha.

    La variedad de vibradores de aquella época era inmensa, muchos modelos funcionan con corriente eléctrica, otros lo hacen con baterías o gas, incluso se diseñan algunos que funcionan a pedales para proporcionarle a su paciente su correspondiente ración de alivio. Los aparatos tenían velocidades que van desde 1.000 a 7.000 pulsaciones por minuto y los precios pronto empiezan a ser asequibles para su uso doméstico teniendo un gran auge de ventas hasta los años 20.

    Pese a lo que nos pueda parecer hoy por el concepto sexual que tenemos de un vibrador, en aquellos años la aplicación del vibrador sobre el clítoris era tenida por una práctica exclusivamente médica. En la concepción machista de la época, al no haber contacto con el interior de la vagina, se considera que no hay contacto sexual, y no por tanto no existía ningún tabú alrededor de este objeto, solo se consideraban artículos de masaje anti-estresante y era común verlo en todo tipo de catálogos y revistas.

    Pero a partir de 1920, los vibradores aparecen en las primeras películas para adultos, y empiezan a perder su imagen de instrumento médico. Esto, unido a que a principios de los 50 la “Asociación americana de psiquiatría” declaró que la Histeria no era una enfermedad, hizo que el vibrador fuera visto como un Hidden Content y considerado instrumento de perversión, comenzando poco a poco a ser un tabú, connotación que casi continua teniendo hoy en día en muchos lugares.




    Hasta aqui, un breve resumen del diagnostico, en muchas ocasiones misogino e interesado pero siempre equivocado, sobre la conocida como histeria femenina. El tratamiento con metodos como Agua bombeada, irrigación local y el furor de la ducha pélvica........., o las sobradamente conocidas bondades de los masajes genitales, de nada pudieron servir para lo que hoy se sabe que es, una afección psicológica del grupo de las neurosis padecida por el 1% de la población mundial, un trastorno de la personalidad, inconsciente, que se observa en mujeres y en hombres.



    Actualmente varios grupos de trastornos integran lo que anteriormente eran trastornos clásicos histéricos: Los somatomorfos, los conversivos y los disociativos.

    Los trastornos por somatización, son una alteración crónica y fluctuante de múltiples y variados síntomas físicos que precisan atención médica frecuente, que provocan un deterioro significativo en la vida de la persona y que no pueden ser explicadas suficientemente por una lesión orgánica. Los síntomas pueden ser gastrointestinales, dolorosos, seudoneurológicos, etcétera. También se incluyen trastornos hipocondríacos, disfunciones vegetativas y trastorno de dolor persistente.

    El trastorno conversivo, se caracteriza por síntomas o déficits que afectan de forma aguda a funciones motoras voluntarias o sensoriales y sugieren una enfermedad neurológica o médica (afasia, ceguera, parálisis, anestesia). No está producido intencionadamente, ni es simulado, tampoco existe un sustrato médico patológico, físico, que sustente dichas alteraciones. Suele haber factores psicológicos relacionados, el cuadro clínico es atípico, y la persona responde a la sugestión y obtiene alguna ganancia inconsciente con ellos.

    En los trastornos disociativos, aparece una alteración súbita y de duración breve (días, semanas) de las funciones integradoras de la identidad, como puede ser el trastorno de identidad disociativo (personalidad múltiple); afectación de la memoria o amnesia disociativa; la fuga disociativa y los trastornos de despersonalización en donde hay una sensación de extrañeza ante uno mismo, o una sensación de irrealidad en el entorno; se ve artificial, como en un sueño.

    Además de esos grupos de trastornos hay que señalar la personalidad histérica; ahora llamada personalidad histriónica. Fue descrita por K. Schneider como una personalidad necesitada de estimación. Más que un trastorno es una forma de ser egocéntrica, con tendencia a dramatizar lo que comunica, con dependencia afectiva, mucha labilidad emocional y vulnerable a la influencia de otras personas, siempre que no intenten cambiar al personaje que representan. Tienden a utilizar la seducción con el fin de conseguir una atención especial.

    Estos cuadros son más frecuentes en mujeres, o al menos se diagnostican más en ellas por su connotación peyorativa, y porque el dolor femenino siempre fue más trivializado. Pero los hombres también la pueden padecer. De hecho, Areteo de Capadocia detectó la histeria masculina en la antigüedad. También pretenden captar el interés, son muy cuidadosos con su aspecto físico y presentan con frecuencia lipotimias inexplicables aunque no suelen ser tan dramáticos en sus manifestaciones. Llama la atención que suelen tener problemas sexuales (eyaculación precoz, impotencia), mientras pasan por ser grandes seductores y se dedican especialmente a la conquista amorosa. Algunos autores, como Israel, señalan que durante mucho tiempo los médicos han sido mayoritariamente hombres y esto ha creado una cierta complicidad inconsciente para evitar ese diagnóstico vergonzoso. Y de hecho ante el mismo cuadro a los varones se les suele diagnosticar más de algún tipo de trastorno de ansiedad.

    El argumento no es contradictorio, la desventaja social de la mujer por el hecho de serlo no excluye que haya otras desventajas sociales que afecten a hombres y que también puedan necesitar estimación.

    La carga peyorativa de la histeria hace que a veces se utilice de forma incorrecta como si fuera una neurosis de renta. No es así. En la neurosis de renta el paciente utiliza de forma inconsciente su problema (accidentes, traumatismos, etcétera) para reorganizar su vida obteniendo una ganancia secundaria a partir de su enfermedad, gracias a la cual pueda abandonar sus obligaciones. En la histeria puede haber una utilización inconsciente de la situación, pero la finalidad última es el manejo afectivo del ambiente más que la utilización material de la neurosis de renta. En la histeria existe una necesidad de estimación que espontáneamente opta por la huida a la enfermedad. A una enfermedad que enseguida es menospreciada, pero que en cualquier caso refiere a la astucia para equilibrar la desventaja.
    ( Aurea L. Lamela, psiquiatra)



    Saludos
    Última edición por Lloyj; 06/01/2019 a las 19:39

  2. El siguiente usuario dio las Gracias a Lloyj por este mensaje:

    juanjo58 (13/01/2019)

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